Por:
Lindsey German
Introducción
¿Puede decirse que la liberación de la mujer constituye un sueño irrealizable? No, pero en una sociedad capitalista la liberación de las mujeres no puede ser una liberación total.
Las ideas que engendraron el movimiento en favor de la igualdad entre hombres y mujeres surgieron hace poco más de 200 años, durante la gran revolución francesa. Las reivindicaciones de libertad, igualdad y fraternidad defendidas por la revolución fueron asumidas posteriormente por ideólogas feministas como Mary Wollstonecraft, que argumentaron que también las mujeres tenían derecho a la libertad. Los logros de la revolución francesa sin embargo, fueron limitados. Aunque instauró un sistema democrático, la revolución no cuestionó la existencia de la propiedad privada, por lo cual no puede decirse que estableciese un sistema plenamente igualitario y libre. Pese a que los ricos y (posteriormente) los pobres obtuvieron el derecho al voto, el poder económico de los primeros les permitió hacerse con el poder y tomar las decisiones que determinaron el funcionamiento de la sociedad después de la revolución.
Las ideas que propugnan la liberación de las mujeres han llegado a la misma problemática. La independencia jurídica y financiera alcanzada por algunas mujeres en la sociedad capitalista no es una verdadera liberación porque la opresión de las mujeres es inherente a la existencia de la sociedad clasista.
La familia
La sociedad clasista surgió mucho antes que la sociedad capitalista. Friedrich Engels, el gran revolucionario del siglo pasado, argumentó que fue el surgimiento de la propiedad privada el que llevó a la creación de una sociedad dividida en clases, fundamentalmente entre quienes poseían la riqueza y quienes carecían de ella. También llevó al desarrollo de una maquinaria estatal, cuyo cometido era el de proteger la propiedad privada, y además a la creación de una estructura familiar mediante la cual se aseguraba la continuidad de la propiedad entre los propietarios y sus herederos legales. Se desarrolló así la opresión de las mujeres y la familia monógama, que infligieron «una histórica derrota al sexo femenino en todo el mundo».
En todas las sociedades clasistas del pasado y del presente se han desarrollado estructuras familiares que han perpetuado la opresión de las mujeres. Engels creía que el desarrollo del mismo capitalismo sería la causa de la desaparición de la familia obrera. Dado que la existencia de la familia obrera no se basaba en la propiedad, al contrario de lo que sucedía con la familia de la clase dominante, no había razones para que perdurase. Las ideas de Engels se basaban en el estudio de las familias obreras de principios del siglo XIX empleadas en la industria textil algodonera. Entonces hombres, mujeres y niños eran trabajadores asalariados y muchas de las funciones básicas de la familia, como la alimentación y educación de sus integrantes, se satisfacían fuera del hogar.
La familia, sin embargo, no desapareció sino que se fortaleció, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX. Muchos obreros aspiraban entonces a tener una vivienda, a formar una familia y a tener una esposa que no precisase trabajar fuera del hogar y que pudiese ocuparse a tiempo completo de su cónyuge y de los hijos de ambos. Aunque la mayoría de los obreros probablemente nunca gozó del «salario familiar», instrumento mediante el cual esta aspiración iba supuestamente a tornarse una realidad, el hecho es que se transformó en un ideal perseguido por la gran mayoría. Los obreros y las obreras optaron por reivindicar esto porque las alternativas a las que se enfrentaban les parecían peores: jornada laboral de hasta 18 horas para las mujeres, mujeres que tenían que amamantar a sus hijos sin interrumpir el trabajo o que sufrían abortos espontáneos en su puesto de trabajo y niños que trabajaban, a veces desde los cuatro años, frecuentemente víctimas de terribles accidentes laborales.
Las necesidades de los capitalistas también comenzaban a cambiar. Cada vez les era más necesario contar con una mano de obra más estable, cualificada e instruida. Para los capitalistas era necesario que existiese una estructura familiar que se ocupase de alimentar, cuidar y socializar a los trabajadores (y a las sucesivas generaciones de obreros), además de brindarles los mínimos cuidados sanitarios y una instrucción básica (y todo ello a un mínimo coste para la clase capitalista).
¿A qué se debe la opresión de la mujer?
El papel que desempeña la familia en la reproducción de la mano de obra siempre ha sido fundamental para su misma existencia (y para perpetuar la opresión de las mujeres) y, no lo es menos actualmente.
A menudo se dice que el mismo sistema capitalista atenta contra la existencia de la familia. Las presiones a las que se ven sometidos los trabajadores hacen que la realidad de la vida en familia nunca se acerque al ideal que de ella se tiene generalmente. La emigración y los traslados por motivos laborales dispersan a las familias, las presiones laborales o académicas desembocan en rupturas familiares. La tasa de divorcios se ha disparado, los adolescentes ansían vivir independientes de la familia y cada vez hay más personas que viven fuera de la familia nuclear convencional.
Al mismo tiempo, los gobiernos y la maquinaria estatal tratan de fortalecer a la familia. Existe una legislación sobre la violencia en el seno de la familia, sobre la educación de los niños, sobre las relaciones sexuales y sobre el matrimonio y el divorcio. Todo el aparato de los servicios sociales tiene como cometido salvaguardar una institución familiar que nunca responde a las expectativas que en ella ponen sus integrantes.
El Estado y sus representantes se cuentan entre los principales agentes de la opresión de las mujeres. Si la opresión que éstas sufren se debiese exclusivamente al comportamiento machista de los hombres, sería mucho más simple acabar con ella. Pero, debido a que este comportamiento está respaldado, reforzado o legitimado por el mismo Estado, la opresión de la que son objeto las mujeres se convierte en un peso insostenible, para eliminarla es necesario combatir la existencia del Estado.
Algunas ideólogas feministas argumentan que el patriarcado, y no el capitalismo, es el causante de la opresión de las mujeres. Para estas ideólogas el patriarcado es un sistema separado y paralelo al capitalismo, para derrotarlo no basta con eliminar al capitalismo. Sin embargo, la opresión de las mujeres tiene bases materiales (en el seno de la familia capitalista) mientras que el concepto de patriarcado (que significa literalmente el «dominio del padre», aunque más a menudo el término se utiliza para referirse a un sistema de dominación masculino) carece de ellas.
El concepto de patriarcado no explica por qué los hombres dominan, únicamente nos dice que siempre ha sido así; y lo que es más importante, tampoco explica por qué las estructuras mismas del capitalismo oprimen a las mujeres. Son éstas, y no los deseos de ciertos hombres, las que mantienen bajos los salarios de las mujeres o entorpecen la creación de servicios de atención a la infancia adecuados.
La teoría del patriarcado presupone que la relación entre hombres y mujeres ha sido la misma desde tiempos inmemoriales y es, por lo tanto, sumamente pesimista en cuanto al futuro. Sin embargo, si la opresión de las mujeres es estructural en el capitalismo y en la institución familiar que éste crea, la desaparición de dicha opresión requiere mucho más que un cambio de las actitudes individuales de los hombres. Si la causa de la opresión de las mujeres es la sociedad clasista, únicamente podremos acabar con ella si combatimos contra la existencia de esa forma de sociedad.
En consecuencia, la lucha por la liberación de la mujer y la lucha por el socialismo son parte de la misma lucha.
Aspectos de la opresión
Aborto: Un derecho de la mujer
Por: Miriam García
Cada año cerca de 50 millones de mujeres abortan en el mundo, de forma ilegal en la mitad de los casos. En el estado español se estima que más de 105.000 mujeres abortan anualmente.
Es muy difícil conocer el número de mujeres que abortan ilegalmente, Lo que sabemos es, que legal o ilegalmente, las mujeres siguen abortando. La cantidad de mujeres que al practicársele un aborto ilegal sufren graves lesiones, infecciones o mueren es escalofriante. Hoy en día la OMS estima que alrededor de 20.000 mujeres mueren en el mundo cada año por causa de abortos ilegales. Por estas razones la mayoría de las mujeres apoyan la legalización del aborto aunque sea limitado.
El derecho de una mujer a elegir terminar un embarazo voluntariamente, es básico en el control que tienen las mujeres sobre sus cuerpos y su vida reproductiva. Nadie más debería tener este control, ni la iglesia, el estado, un marido, los padres, un novio.
El derecho de las mujeres a controlar sus propios cuerpos es un requisito indispensable para la liberación de la mujer. Sin ese control las mujeres no pueden ser iguales a los hombres en la sociedad. Por eso, a menudo el tema del aborto es central en la lucha por los derechos de la mujer en estos tiempos.
El control sobre nuestros cuerpos
Todas las sociedades de clase han aplicado programas de control de natalidad ya sea para provocar su aumento o su descenso, incluso para decidir qué personas tienen derecho a procrear, y cuales no.
Ya en el siglo I. DC. el emperador Augusto dictó una serie de decretos para promover que las parejas tuvieran al menos tres hijos. Hoy en día algunos países recompensan a las familias que tienen más hijos: Francia por ejemplo. Otros penalizan a las mujeres que tienen hijos fuera del matrimonio.
En EEUU tenemos el ejemplo más claro del intento de reducir la población de países menos desarrollados mediante la esterilización forzosa y programas coercitivos de control de natalidad. El gobierno de Puerto Rico junto con la organización estadounidense "Fundación Internacional de Planificación Familiar" ha llevado a cabo una campaña de esterilización masiva. Muchas de las mujeres no fueron informadas de que la operación era permanente. Los anticonceptivos eran difíciles de encontrar o muy caros. Hasta el año 1968, un tercio de las mujeres en edad reproductiva habían sido esterilizadas en Puerto Rico.
Incluso dentro de EEUU se ha impuesto en algunos estados, como castigo y alternativa al encarcelamiento, la anticoncepción forzada a mujeres "delincuentes". Además, existen casos documentados de esterilización forzada en casi todos los países europeos y Estados Unidos a mujeres negras, minusválidas - físicas o mentales, o incluso de comportamiento "sospechoso".
Es evidente que bajo esas condiciones, el estado también tiene el control de todos los aspectos de la fertilidad de la mujer. Por eso no es una coincidencia que la primera sociedad socialista fuera también la primera en legalizar el aborto: Rusia pasó en poquísimos años de ser una de las sociedades más represivas con respecto a la mujer a ser la primera sociedad donde las mujeres y los hombres comenzaban a estar política y legalmente igualados. También durante la Revolución Española, se legalizó el aborto en el Estado Español.
La consolidación de Stalin en el poder, que supuso la imposición del capitalismo de estado en Rusia, hizo recaer de nuevo las responsabilidades familiares en la mujer; se prohibió el aborto, y de nuevo se impusieron políticas de aumento de la natalidad. Esto tampoco es una causalidad. Como dijo Trotski, "la posición de la mujer es el indicador más gráfico y significativo para evaluar un sistema social".
El aborto en el Estado español
Ese disfraz moralista cumple su función; durante los años de la transición en el Estado Español, mientras muchas feministas reivindicaban el derecho de la mujer a decidir libremente, la mayoría de las veces los sectores más reaccionarios, apoyados por algunos juristas, partidos políticos y medios de comunicación, lograron que el debate sobre el aborto se desviara a la cuestión de "en qué momento se podía hablar de que el feto era un niño", consiguiendo así que aun hoy en día para muchas mujeres el aborto sea un problema moral y casi de pecado.
Una amplia encuesta en Madrid en el año 1980 mostraba que el 44% de las mujeres rechazaba el aborto y el 54% lo aceptaba con condiciones. Sólo el 9% aceptaba el aborto en cualquier caso.
No deberíamos entrar en el debate moralista sobre la "vida inocente". ¿Se supone que el feto no nacido tiene más derechos que la mujer que va a tener la responsabilidad sobre él? Es más, la mayoría de los abortos se hacen lo antes posible, y los abortos hechos después de 20 semanas son poquísimos. ¿Qué mujer elegiría tardar en abortar si existiera el derecho a abortar tal y como lo necesita (accesible y gratuito)?
Es cierto que en España los 40 años de dictadura franquista supusieron un enorme retroceso también en lo que respecta a la situación de la mujer. Las políticas de fomento de la natalidad del régimen de Franco, amparadas, aplaudidas y reforzadas por la iglesia católica hicieron que sólo a finales de los 70 se legalizaran los anticonceptivos y sólo en el 85 se lograra una ley de aborto tremendamente restrictiva, que preveía la legalización en tres supuestos: peligro para la madre o el feto, violación y malformación del feto.
La insuficiencia de esta ley se hace evidente si pensamos que:
l No se reconoce el derecho a decidir de la mujer: la decisión está en manos de médicos, jueces y magistrados.
l Puesto que la mayoría de los médicos y centros de Seguridad Social se amparan en una supuesta "objeción de conciencia" y se niegan a practicar los abortos de forma gratuita, el 94% de los abortos legales se llevan a cabo en clínicas privadas, en las que muchas veces ejercen esos mismos ginecólogos que en la sanidad pública se acogen a la cláusula de conciencia. Naturalmente, en este porcentaje no se incluye a las mujeres que no pueden permitirse pagar un aborto en una clínica privada y siguen obligadas a abortar ilegalmente.
l El 98% de las mujeres que abortan se acogen al supuesto de "peligro para la salud psíquica de la madre". En realidad esto significa que muchas de estas mujeres simplemente están haciendo uso de su derecho a abortar utilizando una hipócrita cobertura legal.
La ley del aborto fue producto de las luchas de grupos de mujeres seguidos por la izquierda revolucionaria así como de la situación insostenible a que se había llegado:
l En 1978 se realizaron 20.000 abortos en el extranjero y la cifra iba en aumento
l Sólo en 1979 se juzgaron 201 delitos de aborto
l También iba en aumento la cifra de muertes por abortos ilegales. El doctor Díez Nicolás consideraba que el aborto ilegal era la causa de muerte más importante entre mujeres de 15 a 49 años.
l En el 81 el Estado español ocupaba el 2º lugar en Europa en muertes fetales tardías. Según Josune Aguinaga, en situaciones en las que la mujer no encuentra una solución rápida y eficaz ante un embarazo no deseado, tarda más tiempo en tomar una decisión. Puede producirse una manipulación en el feto entre el 6º y el 9º mes de embarazo para causar la interrupción.
¿Problema de la mujer o de la sociedad?
Los revolucionarios defendemos que el aborto es un problema de clase y no solamente un problema de mujeres. Hay que ver el problema de la contracepción y el aborto como una cuestión de base material. Si el capitalismo necesita la familia como forma de reproducción gratuita de la clase trabajadora deberá tener control sobre ella. Y sobre todo, sobre la mujer en quien recae el peso de esa reproducción. El cuerpo de la mujer cumple así un papel fundamental para el sistema. La decisión de tener hijos o no siempre dependerá de otros factores; condiciones económicas, accesibilidad del aborto, guarderías públicas y gratuitas: todas las facilidades que el sistema puede otorgarnos, o no, dependiendo de la situación en que se encuentre.
Aunque podemos decir que las mujeres de todas las clases sociales sufren la opresión, no la sufren de igual forma. Con respecto al tema del aborto, las mujeres que más lo necesitan son las jóvenes y sin recursos que siempre encuentran problemas para conseguir abortar. Las mujeres de las clases privilegiadas - sea el aborto legal o ilegal - siempre pueden viajar o pagar una clínica privada para conseguir abortar.
Naturalmente a los estados no les basta con dictar una serie de leyes, sino que además necesitan una ideología (reforzada por la iglesia, los medios de comunicación etc.) para que las mujeres, sobre todo de la clase trabajadora, vean el tema como una cuestión moral y no de derechos.
Pero no se trata de un problema "moral". No es casualidad que los grupos antiabortistas sean casi siempre de ideología derechista. La hipocresía de su argumento se pone en evidencia cuando pensamos que siempre están dispuestos a "proteger las vidas inocentes" mientras nunca les oímos atacar la pena de muerte, ni luchar por los derechos de los pobres. Es más, se olvidan de esas "vidas inocentes" en cuanto nacen. Por otra parte siempre se muestran en contra de la educación sexual en las escuelas, el uso de anticonceptivos etc. En EEUU, en los años 80, la "nueva derecha" tenía en su programa: oposición al aborto, apoyo a las armas nucleares, pena de muerte, y recortes de gastos públicos para los pobres.
Un ejemplo de esa doble moral y ese doble rasero para defender el derecho a la vida lo tenemos en los movimientos antiabortistas de Estados Unidos y Reino Unido, donde, no solo no les basta con formar piquetes fuera de las clínicas en las que se practican abortos para amenazar e intimidar a las mujeres que intentan entrar, sino que por si esto ya de por sí no fuera suficiente, hace pocos años uno de los suyos mató a un médico en Estados Unidos que practicaba abortos.
¿Para qué luchamos hoy?
Como hemos dicho, en cualquier sociedad el derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo debe ser un derecho básico y humano. Los socialistas revolucionarios debemos ser parte de cada lucha para mejorar la situación de la mujer hoy en el Estado Español.
Tenemos que luchar por salarios dignos que nos permitan elegir si queremos o no, tener hijos sin el peso de la presión económica; tenemos que luchar por información amplia y adecuada sobre el sexo en las escuelas: Según datos de la Comunidad Valencia sabemos que la mayoría de los abortos se practicaron en mujeres de nivel educativo básico (en los años 86 y 87 un 56% se practicaron a mujeres de enseñanza media y en el año 95 un 83.19% se practicaron en mujeres con un nivel de educación básica o media). Lucharemos también para defender y mejorar las leyes sobre el aborto, para que no exista el "derecho" de "objeción de conciencia" y por una inversión adecuada y suficiente en sistemas de sanidad gratuita para todos.
Hablar del aborto es hablar de no forzar a mujeres y hombres a tener hijos no deseados. A los antiabortistas no les importa que la familia no tenga recursos económicos y que un niño (o otro niño) pueda ser la ultima gota que transforme a la familia en un lugar de mayor presión, frustración, agresión y violencia. En la Comunidad Valenciana la mayoría de las mujeres que han abortado son mujeres o sin hijos o con dos hijos - el grupo que se supone tiene más problemas económicos que cualquier otro. (Naturalmente, en todos estos datos se incluyen sólo los abortos legales).
Pero mientras vivamos en una sociedad como ésta, que depende del trabajo sin salario de las mujeres en casa, que utiliza a las mujeres como fuerza de trabajo aún más barato, las mujeres seguirán siendo victimizadas y oprimidas; derechos como el aborto libre, igualdad de salario, guarderías públicas etc. jamás serán accesibles para todas las mujeres.
Hasta que no acabemos con este sistema injusto, no tendremos el control absoluto de nuestros cuerpos, de nuestra fertilidad y de nuestro derecho a elegir.








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